Capítulo 1 del Sun Tzu

I.1.

sūnyuēbīngguózhīshìshēngzhīcúnwángzhīdàochá

Sunzi dijo: Las tropas son el gran asunto de un Estado; de ellas depende la vida o la muerte de los súbditos, el crecimiento o la decadencia del imperio: no hacer reflexiones serias sobre lo que les concierne, no trabajar para regularlas bien, es mostrar una gran indiferencia por la conservación o la pérdida de lo que más se valora, algo que no debe encontrarse entre nosotros.

I.2.

jīngzhīshìjiàozhīérsuǒqíngyuēdàoèryuētiānsānyuēyuējiàngyuēdàozhělìngmínshàngtóngzhīzhīshēngérwēitiānzhěyīnyánghánshǔshízhìzhěyuǎnjìnxiǎn广guǎngxiáshēngjiàngzhězhìxìnrényǒngyánzhězhìguāndàozhǔyòngfánzhějiàngwénzhīzhīzhěshèngzhīzhīzhěshèngjiàozhīérsuǒqíngyuēzhǔshúyǒudàojiàngshúyǒunéngtiānshúlìngshúxíngbīngzhòngshúqiángshìshúliànshǎngshúmíngzhīshèng

Cinco cosas principales deben ser objeto de nuestras continuas meditaciones y cuidados: la doctrina, el Cielo, la Tierra, el general y la disciplina. La doctrina nos hará nacer a todos sentimientos uniformes; nos inspirará una misma manera de vivir y de morir, y nos hará igualmente intrépidos en los infortunios y en la muerte.

Si conocemos bien el Cielo, no ignoraremos lo que son los dos grandes principios yin y yang; sabremos el tiempo de su unión y de su mutuo concurso para la producción del frío, del calor, de la serenidad o de la intemperie del aire.

La Tierra no es menos digna de nuestra atención que el Cielo; estudiamos bien, y tendremos el conocimiento del alto y del bajo, del lejos y del cerca, del ancho y del estrecho, de lo que permanece y de lo que solo pasa.

La doctrina, la equidad, el amor para aquellos que nos están sometidos y para todos los hombres en general, la ciencia de los recursos, el valor, tales son las cualidades que deben caracterizar a aquel que está revestido de la dignidad de general; virtudes necesarias, para whose adquisición no debemos olvidar nada: solo ellas pueden ponernos en estado de marching dignamente a la cabeza de los demás.

A los conocimientos de los que acabo de hablar, hay que añadir el de la disciplina. Poseer el arte de ordenar las tropas; no ignorar ninguna de las leyes de la subordinación y hacerlas observar con rigor; estar instruido de los deberes particulares de cada oficial subalterno; saber conocer los diferentes caminos por donde se puede llegar a un mismo término; no desdeñar entrar en un detalle exacto de todas las cosas que pueden servir, y ponerse al tanto de cada una de ellas en particular; todo esto junto forma un cuerpo de disciplina cuyo conocimiento práctico no debe escapar a la sagacidad ni a las atenciones de un general.

Vosotros, que la elección del príncipe ha colocado a la cabeza de los ejércitos, fundad vuestra ciencia militar sobre los cinco principios que acabo de establecer; la victoria seguirá por todas partes vuestros pasos: no experimentaréis, al contrario, más que las más vergonzosas derrotas, si, por ignorancia o por presunción, venís a omitirlos o a rechazarlos.

Con los conocimientos que acabo de indicar, sabréis cuál es aquel que, entre los reyes que gobiernan el mundo, tiene más doctrina y virtudes; conoceréis los grandes generales que pueden encontrarse en los diferentes reinos. Si es en tiempo de guerra, podréis conjeturar con bastante seguridad cuál de los rivales debe llevar la ventaja; y si debéis entrar vosotros mismos en lice, podréis razonablemente esperar ser victoriosos.

Con estos mismos conocimientos, no ignoraréis en qué tiempo el Cielo y la Tierra estarán de acuerdo para favorecer la salida de las tropas a las que prescribiréis las rutas que deben seguir, y cuya marcha regularéis a propósito; no comenzaré ni terminaré nunca la campaña fuera de temporada; conoceréis lo fuerte y lo débil, tanto de aquellos que se os han confiado, como de los enemigos que tendréis que combatir; sabréis en qué cantidad y en qué estado se encontrarán las municiones de guerra y de boca de los dos ejércitos; distribuiréis los premios con liberalidad, pero con elección, y no escatimaréis los castigos cuando sea necesario.

Notas: Por la palabra doctrina, se puede entender aquí la moral dictada por las luces de la razón. Por el Cielo, el autor entiende el conocimiento de las cosas puramente naturales que el Cielo ofrece a nuestros ojos bajo los diferentes climas, en las diferentes estaciones y bajo las diferentes temperaturas del aire. También entiende el conocimiento de los dos principios yin y yang, por los cuales todas las cosas naturales son formadas y por los cuales los elementos reciben sus diferentes modificaciones. Por la Tierra, el autor probablemente entiende el conocimiento de la geografía y la topografía de cada lugar particular.

I.3.

jiàngtīngyòngzhīshèngliúzhījiàngtīngyòngzhībàizhī

Admiradores de vuestras virtudes y de vuestra buena conducta, los oficiales generales no se harán menos un placer delicado que un riguroso deber de secundaros. Entrarán en todas vuestras vistas, y su ejemplo arrastará infaliblemente el de los subalternos, y los simples soldados contribuirán con todas sus fuerzas a aseguraros los más gloriosos éxitos.

I.4.

tīngnǎiwéizhīshìzuǒwàishìzhěyīnérzhìquán

Es con estos conocimientos que, igualmente instruido de lo que podréis y de lo que no podréis hacer, no emprenderéis ninguna empresa sin llevarla a un feliz fin. Veréis lo que estará lejos de vosotros como lo que sucederá bajo vuestros ojos, y lo que sucederá bajo vuestros ojos, como lo que está más lejos.

I.5.

bīngzhěguǐdàonéngérshìzhīnéngyòngérshìzhīyòngjìnérshìzhīyuǎnyuǎnérshìzhījìnéryòuzhīluànérzhīshíérbèizhīqiángérzhīérnáozhībēiérjiāozhīérláozhīqīnérzhīgōngbèichūbīngjiāzhīshèngxiānchuán

Si vuestros enemigos son más poderosos y más fuertes que vosotros, no los atacaréis, evitaréis con gran cuidado llegar a las manos con ellos; siempre ocultaréis con extrema atención el estado en que os encontraréis. Habrá ocasiones en que os humillaréis, y otras en que afectaréis tener miedo. Fingiréis a veces ser débiles a fin de que vuestros enemigos, abriendo la puerta a la presunción y al orgullo, vengan a atacaros inoportunamente o se dejen sorprender ellos mismos y sean cortados en pedazos vergonzosamente. Haréis en sorte que los que os son inferiores no puedan nunca penetrar vuestros designios. Mantendréis vuestras tropas siempre alertas, siempre en movimiento en la ocupación para impedir que se dejen amollar por un vergonzoso reposo. No sufriréis ninguna disensión entre vuestros hombres, no olvidaréis nada para mantenerlos en la paz, la concordia y la unión, como si no hicieran todos más que una sola y misma familia.

I.6.

wèizhànérmiàosuànshèngzhěsuànduōwèizhànérmiàosuànshèngzhěsuànshǎoduōsuànshèngshǎosuànérkuàngsuànguānzhīshèngxiàn

Finalmente, vuestra sabia previsión os habrá hecho calcular hasta dónde podía llegar el consumo de los víveres y de las otras cosas de uso diario, y siempre estaréis abundantemente provistos de todo, y después de los más gloriosos exploits, volveréis al seno de vuestra familia para disfrutar tranquilamente del fruto de vuestra victoria entre las aclamaciones de vuestros conciudadanos, que no dejarán de colmaros de elogios, como si os fueran deudores de todos los beneficios de una dulce paz.

Notas: El autor habla para el país y para el tiempo en que vivió. El imperio de la China estaba entonces dividido en varios Estados, era raro que no hubiera alguna guerra entre los que los gobernaban. Como los intereses eran diferentes, se buscaban atraer a sus vecinos a su partido. Una de las más seguras era atraer a sus vecinos a su partido.