Capítulo 44 del Laozi

Texto chino

míngshēnshúqīn?
shēnhuòshúduō?
wángshúbìng?
shìshènàifèi,duōcánghòuwáng.
zhī,zhīzhǐdài,chángjiǔ.

Traducción

¿Qué nos toca más de cerca, nuestra gloria o nuestra persona?
¿Qué nos es más precioso, nuestra persona o nuestras riquezas?
¿Cuál es la mayor desgracia, adquirirlas o perderlas?
Por eso, quien tiene grandes pasiones está necesariamente expuesto a grandes sacrificios.
Quien esconde un rico tesoro experimenta necesariamente grandes pérdidas.
Quien sabe contentarse está a salvo del deshonor.
Quien sabe detenerse nunca decae.
Podrá subsistir largamente.

Notas

Es decir, sin interrogación: «Nuestra persona nos toca más de cerca que nuestra míng (gloria), nuestra persona nos es más preciosa que las riquezas; es una mayor desgracia adquirir la gloria y las riquezas que perderlas». La gloria y las riquezas son cosas exteriores. ¿Merecen que nos alegramos después de haberlas adquirido, que nos afligamos después de haberlas perdido?

刘克福 Liú Kèfú: Lo que los guerreros buscan con ardor es la míng; y, para obtenerla, van hasta el sacrificio de su vida. Así ignoran que su persona les toca más de cerca que la míng.

Lo que los hombres codiciosos buscan con ardor son las huò; y, para adquirirlas, arriesgan su vida; ignoran que su persona es más preciosa que las huò. Adquieren las huò, y pierden su nobleza interior y su riqueza innata (su virtud)!

Quien posee la virtud sabe que la más bella nobleza reside en sí mismo, y no espera nada de la míng; por eso sabe contentarse y no conoce el deshonor. Sabe que la riqueza más preciosa reside en sí mismo, y no espera nada de los bienes que procura la opulencia. Es por eso que sabe detenerse y no decae. No expuesto ni al deshonor ni al peligro, puede subsistir largamente.

严君平 Yán Jūn Píng: La míng es el más grande artífice de desgracias y desórdenes; para obtenerla, el hombre se aleja del cielo y la tierra, y corre a su perdición. Las huò lo llenan de orgullo; para obtenerlas, agobia al pueblo con fatigas, empobrece el reino, turba sus espíritus, expone su corazón a una multitud de deseos, se rebela contra el Dào, se entrega al robo y al bandidaje; el universo lo detesta, el mundo le declara la guerra; es a menudo una desgracia adquirirlas, una felicidad perderlas. En efecto, quien ha adquirido míng o fortuna no persiste en el Dào y la Virtud. Los espíritus lo abandonan, y él mismo corta su vida; ni el cielo podría salvarlo. Pero tan pronto como un hombre está liberado de la míng y las huò, el Dào y la Virtud lo favorecen, y los espíritus lo protegen. Su míng brilla por sí misma, y sus riquezas igualan las del cielo y la tierra.

Quien ama mucho el placer consume sus fuerzas; quien ama mucho las huò cae en la desgracia. Lo que ama es poco, lo que pierde es inmenso!

刘克福 Liú Kèfú: Quien ama la míng desea ennoblecerse; pero, por su amor immoderado a la míng, la pierde junto con su nobleza innata (su virtud)! Quien acumula huò desea enriquecerse; pero, al esconderlas en gran cantidad, las pierde junto con lo que hace su verdadera riqueza (su virtud).

Si, durante tu vida, escondes muchas huò en tus cofres, vendrán a atacarte y saquearte. Si, después de tu muerte, depositas grandes huò en tu tumba, los ladrones violarán tu sepultura y profanarán tu ataúd.

El hombre que sabe contentarse renuncia al beneficio, se despoja de sus deseos, y no se expone al deshonor para satisfacerlos.

No se compromete para obtener las huò y el beneficio; la música, la belleza de las mujeres no turban sus oídos ni sus ojos. Es por eso que no está expuesto a ningún peligro.

Si un hombre sabe detenerse, contentarse, encontrará en sí mismo la felicidad y la fortuna. Al gobernarse a sí mismo, no consumirá sus espíritus; al gobernar el reino, no atormentará al pueblo. Es por eso que podrá subsistir largamente.